miércoles, 17 de junio de 2015
Durante
el desayuno son frecuentes las ausencias,
y la taza volcada sobre la mesa es una consecuencia
bien conocida. La ausencia dura unos segundos,
comienza y termina de improviso. Los sentidos
permanecen despiertos, pero no reciben las impresiones
del exterior. Puesto que el retorno es tan
inmediato como la partida, la palabra y el gesto
detenidos se reanudan allí donde fueran interrumpidos.
El tiempo consciente se suelda automáticamente formando una
continuidad sin cortes aparentes.
Las ausencias, denominadas picnolepsia (del griego
pycnos,
frecuente),1
suelen ser muy numero
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